De víctima a superviviente (II)
Added 2020-12-02 09:01:00 +0000 UTCHace una semana, por el Día Contra la Violencia de Género, publiqué un post en el que os conté cuáles son las características que definen al agresor y os fui poniendo de ejemplo mi propia experiencia. Hoy quiero hablaros de las fases que se sucedieron en mi relación con aquella persona que protagoniza ese momento tan oscuro de mi vida.
He realizado una pequeña búsqueda por internet para documentarme sobre las fases generales que se producen en las relaciones donde se sufre violencia de género: la acumulación de tensión (esa fase en la que el maltratador se siente cuestionado), la agresión o explosión, y la reconciliación (se “soluciona” el problema).
Pero yo quiero hablaros de otras fases. Aquellas que se van sucediendo desde el principio.
No soy una experta en el tema, y por eso, en lugar de generalizar he decidido enumerarlas tal y como sucedieron en mi relación personal.
La primera etapa fue la de atracción.
Como ya os comenté, el chico en cuestión se me presentó como alguien lleno de inquietudes, trabajador y seguro de sí mismo. Ensalzaba sus virtudes y se mostraba muy cercano a mí. Teníamos muchos gustos en común y podíamos compartirlos. Se mostraba completamente dispuesto a complacerme: me recogía de clase, me acompañaba a los sitios, me hablaba constantemente por Messenger, me cocinaba... Vaya, parecía un chico estupendo. A eso sumar que estaba independizado, que tenía coche, que estudiaba, que trabajaba… ¡Un partidazo!
Así que, inevitablemente, se produjo la atracción.
Mi caso además fue muy rápido, porque el chico apareció en un momento de mi vida en el que yo era muy vulnerable, con lo cual fui una víctima muy fácil. Así que, para cuando me di cuenta de que todo lo que me había contado era mentira, estaba metida en una relación de la que ya no sabía salir.
Además, me presentó a toda su familia exageradamente pronto. En aquel momento me lo tomé como que se tomaba muy enserio nuestra relación y lo daba todo por nosotros, así que no tenía problema en presentarme a sus abuelos, tíos, primos, etc. Fue como una “expresión de amor”, aunque con el tiempo me di cuenta de que solo fue una estrategia para que se formasen lazos de cariño con sus familiares y así me resultara más difícil romper la relación.
La segunda fase fue la de aislamiento.
En cuanto él vio que era suya, pasó a alejarme de mis amigos. Si había quedado con alguien, me respondía que él quería que estuviésemos juntos, que no fuera. Lo hacía de forma convincente, siempre conseguía lo que quería.
Además, me empezó a absorber. Tenía que estar siempre en su casa, tenía que ir siempre con él, no tenía más opciones que él. Era tan absurdo que llegaban a pasar situaciones como esta: “vente a mi casa y pasamos la tarde juntos antes de salir”, ir a su casa, y decirme: “tengo raid del WoW, espérate hasta que se acabe”. Así que su plan era que fuese a su casa y estuviese de brazos cruzados hasta que la partida se terminase. Ahora veo que aquello lo hacía para tenerme cerca de él y que no pudiese tener relación con otras personas. En aquel momento, simplemente pensaba que él no había caído en que yo podría aburrirme pasando la tarde ahí, viéndole jugar a algo que no me interesaba lo más mínimo.
La tercera etapa fue la de control.
“Con quién vas a salir”, “con quién hablas”, “dame tu móvil” se convirtieron en frases reiteradas en nuestra relación. El salir sin él ya era impensable. Tenía que mentirle para poder quedar con alguno de los amigos que me quedaban o incluso, para simplemente, poder salir sola.
Acabó haciendo de mí lo que quería, porque cuando me negaba, lo acababa consiguiendo por las buenas o por las malas.
Una vez tuvimos una discusión a distancia (cada uno estaba en su casa). Teníamos tantas discusiones que ya no recuerdo por qué razón fue en esta ocasión.
Sería media noche cuando sucedió. A pesar de que por teléfono le dije que no quería discutir más, y que al día siguiente hablaríamos porque necesitaba dormir, él apareció en mi portal. Cogí el telefonillo y le dije que no le iba a dejar subir, que se fuera, que hablaríamos al día siguiente, pero esa noche, no. A él no le importaron mis palabras y siguió llamando a casa.
Solo dejó de llamar cuando mi hermano cogió el telefonillo y le dijo que parase, que ya solucionaríamos las cosas al día siguiente. Pero entonces empezó a llamarme al móvil. Lo apagué. Al rato, de los nervios, lo volví a encender. Tenía unas 16 llamadas perdidas suyas. Volvió a llamar y esta vez descolgué.
Me dijo que mirase por la ventana. Llevaba como una hora de pie, en la calle, dispuesto a todo con tal de poder subir a casa. Aquello me dejó claro que no respetaba en absoluto mis necesidades. Me pareció tan increíble que, tras seguir insistiendo en que se fuera, le acabé diciendo que lo mejor sería romper.
En ese momento, la llamada se cortó. Me asomé al balcón y, a gritos, me dijo que había estampado el móvil contra la pared y lo había roto. Pensé que había sido afortunada de no haber estado con él en ese momento, porque el móvil podría haber sido mi cabeza. Fue la primera vez que sentí miedo de él. Fue ahí cuando supe que quería dejarle fuera como fuera, pero, ¿cómo? Si no era capaz de irse a su casa una noche cualquiera, ¿cómo iba a alejarle de mi vida?
Finalmente, llegó la etapa de la pérdida de autoestima.
Habiendo perdido a prácticamente todas mis amistades, y teniendo junto a mí a un hombre que me hacía creer culpable de todas las discusiones y de todos los errores, que lloraba cada vez que me sinceraba sobre cualquier asunto, que me decía que nadie me iba a querer como él “a pesar de todo”… realmente perdí la poca autoestima que me quedaba.
Lo había conseguido. Si vio en mí a una chica con problemas fácil de agasajar con cuatro tonterías, ahora había logrado tener a una especie de chica perdida que no sabía cómo abandonarle porque, entre otras cosas, sin él estaría sola –o eso pensaba, erróneamente-.
Esas fueron las cuatro fases que me llevaron al punto crítico. Pero ya sabéis, cuando llegas al fondo, solo queda subir.
Y conseguí salir.
La semana que viene os contaré cómo logré librarme de él y las consecuencias que su abandono trajo consigo.
Porque ante todo, quiero que os quedéis con lo bueno. Quedaros con que, al final, salí.
Y aquí estoy, escribiendo mi historia en una web que llevo con mi pareja, una pareja que me quiere, me respeta y me complementa. Una pareja que jamás me ha cortado las alas.
Alas para seguir siendo una mujer LIBRE.
Comments
Ya. No aceptan un no por respuesta. Ya te digo, su realidad era completamente distinta a la mía.
En Pelotas
2020-12-02 15:41:35 +0000 UTCMe alegro de que salieras de esta. Menuda pieza. Nunca entenderé a ese tipo de tíos que cortan con ellos y no asumen la ruptura. Ni que una ruptura tuviera que ser de mutuo acuerdo... Viven en negación de la realidad, encadenando mentira con mentira.
2020-12-02 15:18:13 +0000 UTCGracias a ti por tu comentario, Daniel 😘 siento que pasaras también por una relación tóxica, hay demasiadas... En fin, ojalá con el tiempo todo esto vaya a menos.
En Pelotas
2020-12-02 13:17:49 +0000 UTC