La comedia y el riesgo
Quizá en su capítulo más conservador hasta el momento, Vorhaus establece en su libro una relación directa (y acertada) entre la comedia y el riesgo: cuanto mayor sea el riesgo, mayor será la comedia.
Esto no se refiere a que te vayas a hacer chistes sobre judíos a Auschwitz, eso es puro mal gusto (por mucho que algunas personas cortas de miras y con escasas luces y empatía se pongan a vociferar que es “humor negro”, demostrando no haber entendido absolutamente nada sobre el humor negro), sino a que las situaciones que vaya a vivir un personaje en una comedia resultarán más graciosas cuantos más elementos estén en riesgo.
Digo que esta sección es especialmente conservadora porque esta fórmula se ha aplicado a rajatabla tantísimas veces que ha quedado desfasada y manida, aunque no por ello es menos acertada. Vorhaus menciona Los Cazafantasmas, donde la comedia escala conforme la amenaza de los espectros aumenta de una biblioteca embrujada a tener que frenar el final del mundo. Sucede igualmente con otro clásico como es Top Secret, que comienza haciendo chanzas a costa de los rockeros jóvenes y acaba metiéndose de lleno en la Segunda Guerra Mundial.
El precio del fracaso
Así es como llama a este “subir las apuestas”. Cuanto más pueda perder un personaje, más graciosas serán las situaciones por las que vaya a pasar. Esto se relaciona generalmente de manera directa con aspectos ya comentados como los opuestos cómicos o el entorno exagerado. The Blues Brothers: Granujas a todo ritmo es un gran ejemplo: se están jugando la demolición del orfanato en el que se criaron, acaban siendo perseguidos por una ex-novia con acceso a armamento militar, todo el cuerpo de policía del país y una agrupación de neonazis que busca restaurar el Reichstag hitleriano.
Sin embargo, me estaba dando cabezazos para conseguir adaptar estos principios (que, recordemos, fueron escritos a principios de los 90) al formato de la tira cómica. Sobra decir que no hay tanto tiempo para profundizar en una tira cómica como en una película, ¿verdad? Así pues, ¿se puede aplicar este principio a este formato? Bueno, pues empecemos por lo sencillo: a menor alcance, menor “trasfondo”, ergo menor amenaza. Y el ejemplo perfecto vuelve a ser la mejor tira cómica jamás dibujada: Calvin & Hobbes. ¡Pues anda que no hay tiras en las que Calvin se dedica a hacer trastadas (me viene a la mente una en la que se pone a clavar clavos en la mesita del café porque sí) a riesgo de una buena regañina!
El precio del éxito
La otra cara de la moneda es hacer que el éxito de las pesquisas de un personaje sea muy elevado, muy importante, y así cada tropezón en el camino será más gracioso también. Para esto es importante haber construido un buen personaje con el que el público empatice, pues tiene que importarte que tenga éxito, o de lo contrario difícilmente te hará gracia nada de lo que veas. Todo esto sigue en la estela de “putear al personaje” que ya he comentado anteriormente que, si se abusa, me acaba agobiando, y es que por suerte tenemos comedias como Brooklyn 99 o La maravillosa Sra. Maisel en la que hay espacio para las desavenencias, pero también puedes reírte por las alegrías de sus personajes, y eso me da calorcito en el corazón.
La lógica narrativa frente a la dinámica narrativa
En la construcción de cualquier historia has de ceñirte a un mínimo de principios lógicos para que la suspensión de la credulidad del espectador no le saque de la historia. Hasta en Los Vengadores buscan darle una lógica interna y unos límites a las habilidades, poderes y zarandajas de sus personajes. El cine de acción fuerza los límites de lo humano dentro de unos convencionalismos para hacerte creer que lo imposible es posible porque han logrado convencerte de ello. Entras a las reglas del juego y, mientras la historia no las rompa, tú no te quejas.
En la comedia no tiene por qué ser así. En la comedia Voldemort no se habría obcecado en matar a Harry Potter a base de hechizos y respetando siempre sus vacaciones escolares, no, habría cogido al puto bebé y le habría retorcido el pescuezo, punto. No hace falta llegar a lo absurdo (aunque hay muchos ejemplos buenísimos de ello, como Aterriza como puedas), con una buena exageración inesperada ya consigues descolocar al espectador, sacarle una carcajada y hacer avanzar la trama. Rick y Morty hace esto continuamente con un buen saber increíble, haciendo que la exageración reme a favor del ritmo demencial y desquiciado de cada uno de sus capítulos; ya al principio de la serie Rick le pasa un arma a Morty para que “elimine a esos malditos robots”, y cuando su nieto le recrimina que no son robots, sino seres sintientes, éste le replica “son funcionarios, que es lo mismo”. Putos genios.
En Pelotas
2022-10-06 09:35:44 +0000 UTCFernando
2022-10-06 09:35:05 +0000 UTC